Es docente rural en plena cordillera patagónica a 487 km de Neuquén capital, en donde junto a un equipo de docentes rurales, impulsa la iniciativa “Mantener el vínculo Escuela – Familia”. En la zona cordillerana no cuentan con conectividad ni aparatos tecnológicos que permitan conectar a los alumnos y sus familias con la escuela. Hace 20 años que Valeria es docente rural, y su vocación siempre estuvo enfocada en acompañar el proceso de formación educacional de los estudiantes.

“Todos los días uno se va a acostar sabiendo de las cosas que uno hizo y que tiene por hacer, porque la docencia es todos los días y los fines de semana también. Todo el tiempo estás haciendo cosas y en contacto con ellas, uno nunca se saca el guardapolvo, el guardapolvo vive en uno. Ellos siempre ven a la maestra donde te encuentran, no ven a la persona, ven siempre a la maestra, por eso maestra se es siempre”, nos cuenta en este podcast que podés escuchar acá:
Valeria en la pandemia recorrió las casas de cada uno de los 100 chicos que asisten a la escuela para entregarles cuadernillos impresos con material bibliográfico para que no dejen de estudiar y los acompañan de manera psicológica para sobrellevar los problemas ocasionados por el encierro.
«Uno nunca se saca el guardapolvo, el guardapolvo vive en uno» dice Valeria.
“Nosostros somos misioneros, donde salga el trabajo la misión es esta, poder ayudar y acompañar en todo lo que se pueda y lo que uno pueda. Muchas docentes tenemos la vocación puesta, no es un sacerdocio pero se le parece. A veces no nos alcanza lo que ganamos pero no existe el no puedo. Si hace frío, si estás enfermo, si no tenés movilidad tenés que hacer dedo e ir. Es lo que llevamos y sentimos y lo hacemos de corazón. Para mí es mi vida, es mi trabajo y es lo que hay que hacer”, dice.


La principal intención de Valeria y el equipo docente es mantener el contacto con los alumnos y sus familias donde no solo les proporcionen conocimiento sino que también los orienten, acompañen y ayuden a abordar cuestiones emocionales y psicológicas, surgidas a partir de no poder visitar a sus familiares, quienes viven en zonas alejadas, teniendo que renunciar a sus costumbres y tradiciones propias.
Frente a las condiciones desfavorables del clima, sin gas para la calefacción y/o con características que interrumpen el desarrollo de las clases, Valeria siempre siguió adelante con el compromiso de poder llegar a los chicos más allá de cualquier obstáculo. “Es la solidaridad y la voluntad para acompañar a nuestros alumnos que no sólo tienen carencias económicas en esta pandemia sino también afectivas y de relacionamiento que son muy importantes. Acá cuando algo le afecta a una familia cercana, nos afecta a todos”, dijo en este caso al equipo de Abanderados cuando fue destacada por su lavor.







