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LAS MANOS DE MI BARRILITO

Desde hace una década Las Manos de mi Barrilito es mucho más que un comedor y copa de leche. Es también espacio cultural, recreativo, de capacitación y potrero, que alimenta y brinda contención a más de 300 personas en Villa Los 40 de Granja de Funes II, en Argüello.  Dayana Vázquez es la creadora y nos cuenta su historia de lucha y superación en servicio de la solidaridad.

Dayana tiene una hija que posee “asma crónica nerviosa” desde sus 45 días. La infancia no fue para nada fácil.  A  sus 8 años la situación de la nena empeoró, entró en dos paros cardiorespiratorios y perdió un pulmón. La situación se tornó desesperante. Dayana no sabía qué hacer, caminar por los pasillos del nosocomio era un automatismo doliente. Salió al exterior y se encontró con una imagen de Cristo y se detuvo. Ella dice que nunca había sido muy creyente pero sintió que debía hablarle, que esa figura de material podía ser una especie de teléfono o de chat con el Mismísimo. Le rogó por la recuperación de su hija y le prometió que  ella devolvería ese gesto. Sola, angustiada, cansada de tantas pálidas Dayana rogó y rogó.

“Si mejora la salud de ella y pueda tener una vida normal como los demás yo prometo que devuelvo todo eso a las personas que necesiten ya sea alimentos, ropa, lo que sea”, dice que dijo.

Los días que seguirían iban a darle un respiro.

Para escuchar el podcast click acá:

La nena empezó a mejorar y al mismo tiempo Dayana se propuso levantar el pagaré de la promesa. Al mes, con la nena ya en su modesta casa, invitó a merendar a un grupo de pequeños de su cuadra. Estaba lejos de esos que se presentan a Master Chef (que encima tienen quién les colabore) y los mate cocidos y el pan horneado no salieron como esperaba. Desanimarse no estaba en sus planes.

“Fui mamá adolescente a los 18 años y era remarla y remarla. Yo antes no sabía ni preparar ni tazas de té, he tenido cada fiascos, al principio hasta agarrarle la mano me echaba cada mocos…me acuerdo de la cara de los chicos que me decían ‘Day esto le falta cocinarse, a esto le falta azúcar, esto se quemó`. La he pasado y le he sufrido”.

A los pocos meses ya eran 50 los que iban a merendar y claramente no había forma que entrarán todos en esa habitación. Juntó unos pesos y alquilaron un salón cercano.

“Poco tiempo después había que pagar mucho más de lo convenido al principio así que dije que lo debía hacer en mi casa, yo tenía un terreno y me anoté en un voluntariado de la Fundación Techo y ahí pude hacer un salón. Ya a los dos años pude hacer los baños. Pensar que ahora también tenemos juegos afuera y una canchita de fútbol”.

Dayana dice que la vida le “vino pegando desde chica”. Su mamá fue madre soltera con cinco hijos que alimentar. Cartonearon, manguearon alimentos, pidieron monedas en los semáforos, comieron de la basura. “Se comía y se bebía de los que se podía”.

Estaba de novia cuando quedó embarazada antes de cumplir los 18, pero la relación con su compañero no duró mucho tiempo, se separaron y al poco tiempo él falleció.

Hoy Dayana arranca muy temprano, tiene compañeras que la ayudan y hornean antes que pegue el sol más fuerte porque todo lo cocinan al fuego de leña, las cocinas que tenían explotaron de tanto uso y porque tampoco eran cero km. Tienen que preparar el sustento para 300 personas que acuden al lugar pero saben cómo multiplicar con pocos ingredientes. Para ir mejorando hizo varios voluntariados para aprender de otras organizaciones y fundaciones como hacerlo sustentable. Eso sí, aclara con énfasis: “no milita ninguna bandera política”.

“La militancia es del voluntariado social, todo es de autogestión y haciendo voluntariados y uniendo redes. De todos los que trabajamos de manera voluntaria en Mi Barrilito ninguna cobra ningún sueldo del Estado. Nos unimos con colegios como el Lasalle o universidades como Blas Pascal o la Siglo XXI. No pedimos dinero sino que vengan a dar talleres de todo tipo o ayudarnos a cocinar”.

Los lunes, miércoles y viernes funciona la copa de leche.  Jueves dan cena pero por la escasez de alimentos -Dayana aduce que la situación es peor que la pandemia porque poca gente puede donar- los martes por ahora no la está pudiendo entregar porque no llegan con los ingredientes.

Hace pocos meses  falleció su hermana más grande, su gran sostén y con la que convivía. Su sobrino se quedó con ella. “En mi vínculo familiar somos tres en un sucuchito pero somos 300 más con mi familia de Barrilito. Desde que se fue mi hermana mi corazón está en pausa pero cuando vienen y me cuentan los logros que van teniendo los chicos se me llena el alma”.

Las Manos de mi Barrilito es hoy un montón de cosas porque Dayana desde la primera merienda que ofreció se dio cuenta que no se trataba solo de hambre. Juegos de recreación, biblioteca para incentivar la lectura, apoyo escolar, potrero de fútbol, talleres de comunidad digital y de violencia de género, atención psicológica, entre otras actividades que saben que necesitan tener en el espacio. Tal vez entre los objetivos pueda estar que logre ser ONG o Fundación para recibir más ayudas.

“Como nunca milité la política nunca me lo quisieron inscribir al Merendero en ningún lado”, dice igualmente sin rencores.

Dayana no se deja tentar por el odio, ni por la discriminación. Su combustible es la voluntad. Dice que a veces debe demostrar carácter “porque están las que se quejan por qué le das un poquito más a ella que a mí”. Sabe que no hay nada mejor que el efecto contagio. Hoy se encuentra en el último año del secundario al que asiste todas las noches. El año que viene quiere asistir a la Universidad. Su objetivo es recibirse en la carrera de Trabajo Social.

Hoy ya no necesita prometer más nada. Sólo tiene que abrir la puerta cada día.

Para colaborar con el próximo festejo de las infancias o más información: https://www.instagram.com/las.manos.de.mi.barrilito o 3516 00-1004

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