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FUNDACIÓN ALEGRÍA AHORA

Fundación Alegría Ahora es una organización sin fines de lucro cuya principal actividad es la  escuela pública primaria para jóvenes y adultos. Nació en la calle hace más de 20 años con el novedoso formato de casa escuela desde un sistema de educación popular y con pedagogía propia. Basados en el concepto de “amor político” brinda formación y asistencia humanitaria integral a estudiantes con entornos de extrema marginalidad, desprotección y violencia.

“La historia de Alegría ahora es muy fuerte y es muy hermosa a la vez”, cuenta Mónica Lungo, coordinadora general y fundadora. Pensar que toda esa red inmensa que hoy constituye la institución nació de una pizarra y de una bicicleta. Así como hay multinacionales que se jactan que nacieron en un garaje, esta usina educacional nació escuchando los ruegos y ecos de la vereda. En la necesidad, en la mismísima herida abierta de la carencia de oportunidades.

Una Mónica que había pasado la secundaria de colegio en colegio, “con rebeldía a intensidad en altas dosis”, desafiando los argumentos de quienes debía obedecer, porque sus saberes eran profundos (tenía promedio alto): les enseñaba a sus compañeros para que no se queden de grado. Ya se había hecho maestra antes de recibirse y paradójicamente, luego de hacerlo no ejercía. Aún no había encontrado su lugar.

La Seño –ya para muchos a esta altura llevaba el artículo y la profesión para ser nombrada- visitaba la barriada popular (Villa Richardson, cerca del hospital Misericordia de Córdoba Capital) antes de que barrio Güemes se convirtiera en un fetiche para desarrollistas. Ella necesitaba conocer primero todo lo que ocurría, así como el poeta escribió que fue “en busca de olvidos y sólo traje recuerdos”, Mónica se trajo interpelaciones varias y ganas de salir a flote por doquier, súplicas en una ciudad de inversores de construcciones de cemento e involución constante de la pirámide social.

“La historia de Alegría ahora es muy fuerte y es muy hermosa a la vez”

Mónica Iba con su mate y escuchaba y escuchaba, guardaba las lágrimas de impotencia para las noches donde no había píldoras contra la injustica. De primera mano palpaba como en las familias crecía el analfabetismo y nadie hacía nada. Sabía que no podía quedarse en el lamento, que debería atravesar capas de décadas y décadas  de inacción y la mayoría de las veces sería cuesta arriba. Y volver empezar.

Una mochila con algunos útiles, una pizarras y varias tizas -más que nada que sepan escribir empatía- la impulsaron a dar clases a la intemperie, a pedalear las cuadras que le llevaban de su casa al lugar con miles de pensamientos y utopías que sabía que se podían desgranar, más bien evaporar, pero que volvería a ellos para seguir pedaleando.

“Sabía que había que hacer algo pedagógico en la villa, a veces pasando frio, sin poder ir al baño, era muy difícil” rememora Mónica en este podcast que te recomiendo que escuches: “ahora ya otras instituciones vienen a aprender la pedagogía del amor político. Lo importante era que nos encontráramos porque algo teníamos que hacer. Ya sea pedagógico como lúdico pero algo teníamos que hacer”, dice.

Hoy la Fundación Alegría ahora que recibe alumnos estudiantes de las barriadas cercanas pero también de otros sectores periféricos. Además, estudiantes de carreras de educación hacen prácticas para aprender que es la pedagogía del amor político en la que se basa su educación. “La cuestión emocional tiene que entrar pero no del lado del coaching como está pasando ahora. Es importante desarrollar la sensibilidad pero para conectarnos, somos animales sociales, nos necesitamos biológicamente”, dice.

Si bien la escuela pertenece y tiene el aval del Ministerio de Educación de la Provincia de Córdoba (que apoya con el mantenimiento de dos cargos docentes y el espacio físico) NO cuenta con financiamiento para la tarea asistencial que es fundamental para cada estudiante. Alegría Ahora brinda asistencia integral porque incluye un amplio espectro que va desde alimentos, vestimenta, medicamentos, hasta asistencia legal, médica, psicológica entre otras cosas. “La ley de Educación te propone trabajar con las familias, pero la mayoría de los colegios tienen las puertas cerradas de la comunidad. Nosotros sabemos que debemos atender la salud y la alimentación de todo el grupo familiar. El trabajo con cada estudiante hay que multiplicarlo por 6, por 10, por todo el grupo familiar”.

Moni esa que de purrete era una especie de justiciera y buscaba en el colegio proteger al más débil y discutir con el que le hiciera frente, apalabró a un comisario con sus sólidos alegatos, buscaba a los estudiantes por la comisaría decima, a veces le respondían “hoy no hay ninguno de los tuyos. Hoy tenés a tres” y se llevaba para la escuela a esos chicos que habían sido levantados por el código de faltas o por sus antecedentes.

“Crecer en la desigualdad social es una vida traumática, se crece con muchas debilidades. En una infancia con frío llegás a los 40 años con los huesos destruidos. Comprender eso es muy difícil, por eso toma tanto valor lo que hacemos y porque hay tantos hechos de amor que suceden es que podemos sortear tantos golpazos. Hace dos días un nene llegó con larvas de moscas en la cabeza, estamos a pocas cuadras del Patio Olmos y son cosas que no deberían ocurrir a esta altura”, cuenta.

Hoy la Fundación Alegría ahora que recibe alumnos estudiantes de las barriadas cercanas pero también de otros sectores periféricos.

La fundación se sustenta con actividades propias, la venta de la Agenda Libro (que ya tiene más de 15 años editándose en la Ciudad de Córdoba) y la colaboración voluntaria de personas maravillosas. “Tenemos una gran convicción sobre la educación y la importancia que tiene para las personas. La escuela es un lugar muy importante donde se aprenden valores que servirán para toda la vida. La educación nos hace humanidad y que avancemos. La educación siempre va a tener que ver con el bien común, para que todas las personas puedan vivir con dignidad. Por eso es importante desarrollar la sensibilidad”.

La campaña de marketing que tuvieron para tener alumnado completa todo el tiempo se sustenta en que se corre la bola que hay unas maestras y maestros que ayudan a los pobres. “Hay estudiantes que se han descubierto escritoras y cuando habían llegado tenían un nivel tipo de tercer grado, escribían enojadas, y después de algunos años asistiendo a la escuela, a los talleres, han logrado un despertar y hoy son escritoras muy grosas” dice Mónico con orgullo. Y hablando de eso, Lungo destaca que el equipo que armaron con Miguel Genti que es el presidente, es la gente más linda que andaba suelta. Esa que no sabía “donde poner su amor fue cayendo a la escuela y hoy son un equipo muy grande con mucha gente -en muchas áreas- Mucha gente que nos está abrazando  y sosteniendo”.

La Seño tiene claro y lo repite las veces que hace falta que “las cosas que no se hacen con amor no van a funcionar jamás, si no tenés amor a vos y hacia otras personas no podés lograr nada. Queremos que se tome la pedagogía del amor político porque vemos que funciona”.  Mónica sostiene que adentro de la escuela lo lindo siempre sucede en incontables momentos. “Es un lugar lindo y demostramos que no es una utopía vivir en un lugar más armonioso, más solidario. Si se logra en un entorno tan violento debería ser más fácil que suceda en otros lugares más propicios”. Son más de veinte años donde demuestra que es posible.

Ya no hace falta la pizarra pero Mónica pedalea. Y  vuelve a pedalear

Para más información: https://www.instagram.com/fundacionalegriaahora/

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