Es un merendero nacido del dolor que hoy alimenta con amor, desde el barrio Nueva Esperanza, en Córdoba, Yésica Vargas Flores transforma su historia de lucha en una red solidaria que nutre, contiene y acompaña. Su merendero “Mi panal de miel! no sólo ofrece alimento, sino también derechos, afecto y oportunidades a quienes más lo necesitan.


Hay batallas silenciosas que marcan la vida, pero también hay decisiones que encienden el porvenir. Yésica Vargas Flores, vecina del barrio Nueva Esperanza, supo transformar el dolor en una fuerza vital. Tras atravesar una situación de violencia de género, eligió resguardarse, sanar… y luego abrazar a otras. Así nació Mi Panal de Miel, un espacio comunitario donde cada taza de mate cocido y cada abrazo son un acto de esperanza.
Lo que comenzó como un refugio personal, pronto se convirtió en contención para otras mujeres que transitaban situaciones similares. Yésica no solo ofreció escucha y apoyo: abrió su casa, su mesa y su corazón. Con el tiempo, esa red fue creciendo hasta dar lugar a un verdadero merendero comunitario que hoy funciona gracias a un equipo de voluntarias y voluntarios comprometidos con la infancia, la alimentación y la igualdad. Click para escuchar el podcast:
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Ubicado en el barrio Nueva Esperanza, el espacio recibe a niños, niñas y familias del lugar, quienes encuentran allí no solo una merienda caliente, sino también actividades con enfoque de derechos: visitas a la odontóloga, talleres de educación emocional, promoción de la escolaridad y espacios recreativos. Cada propuesta parte de una convicción profunda: todos los chicos y chicas merecen ser cuidados, escuchados y alentados a soñar.


En el podcast con Radio Chusma, Yésica relata con voz pausada y firme su trayecto vital. Habla del miedo, pero también del amor. De las veces que pensó en rendirse, pero también de las miradas infantiles que le devolvieron fuerza. Su testimonio emociona no solo por lo vivido, sino por lo que elige construir día a día. “Esto no es solo una olla de comida, es una mano que se tiende cuando todo se tambalea”, dice en uno de los pasajes más potentes del episodio.
un espacio comunitario donde cada taza de mate cocido y cada abrazo son un acto de esperanza.
Hoy, Mi Panal de Miel atiende a decenas de niños y niñas cada semana. El espacio se sostiene a base de colaboraciones, donaciones espontáneas y el esfuerzo cotidiano de su gente. Han realizado ferias solidarias, colectas de útiles, actividades barriales y sueñan con contar con un espacio más amplio para seguir creciendo.


El impacto de este merendero va más allá del alimento: es una red que transforma, una comunidad que se abraza. Yésica y su equipo nos enseñan que a veces, de las historias más duras, brotan las flores más luminosas. Que cuando una mujer se levanta, muchas otras encuentran piso firme.
Podés seguir su labor, conocer sus actividades o colaborar ingresando a su cuenta en Instagram: @mipanaldemiel o en el facebook que tiene más actividad y acá compartimos el link: https://www.facebook.com/mipanaldemiel10
Mientras haya personas dispuestas a abrir la puerta, servir un plato y escuchar, siempre habrá razones para creer en el futuro.







