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COMEDOR PATITO FEO

Gabriela es la coordinadora del comedor, merendero y centro cultural Patito Feo del barrio Colinas del Cerro de la Capital provincial. Funciona dentro de la Coopertativa Vivienda, Consumo y Servicios Sociales. Al merendero asisten 60 peques y para el comedor son 24 familias que reciben semanalmente 120 raciones de comida. «Yo construyo con el otro y no para el otro porque desde chica resuelvo las cosas colectivamente», dice en esta entrevista.

Gabriela a sus 12 años tuvo que mudarse con su familia para vivir a una cooperativa de vivienda porque ya no podían alquilar más. Ya desde adolescente de interesó tanto en el cooperativismo como en la asistencia social colectiva. En una casa que tiene la Cooperativa crearon un comedor y merendero que posee un área cultural que es una biblioteca y también un área de recreación porque con los años entendieron que no se trata sólo de comer sino un montón de otros valores que existen en la sociedad a la hora de comer. “Acá se cuida las infancias, se trata que haya un espacio de juegos donde merendamos todos juntos. Yo estuve en el rol de tener que ir a comedor por no tener que comer y nosotros buscamos que no sea así, sino que vengan a merenderar pero porque están jugando y no por el hambre”, dice Gauna. Todos los días brinda la merienda y los viernes entregan vianda de comidas.

“Estamos en una situación peor de la pandemia, porque la pandemia fue algo natural y la crisis de ahora son decisiones políticas” dice Gabriela que sin embargo expresa optimismo: “la pandemia la pudimos pasar y esto también lo pasaremos. Ante la falta de políticas públicas está la solidaridad del pueblo argentino que no es poco, tengo siempre fe y esperanza en eso sino uno no podría hacer nada solidario”.

Gabriela cuenta que esta atenta porque siempre observa los liderazgos en pibitos del comedor y eso “le da esa linda sensación que siempre habrá lideres sociales y podrán continuar con todo esto”. El comedor lleva el nombre de Patito Feo porque se llama así desde 50 años: “cuando lo recuperamos porque era un centro de cuidado lo seguimos llamando así”. “Entre las mujeres también buscamos ayudarnos en la comunidad, estamos ubicados entre dos countries de Barrio Urca y del Cerro y siempre digo que somos los únicos pobres del sector” dice riéndose.  

En el espacio todos los días funciona una cooperativa textil de la cual viven 5 familias. Los martes y jueves ofrecen recreación: “son dos horas donde los chicos están jugando y ahí hacemos un refuerzo de merienda, ellos necesitan alimentarse pero no tienen porque saber que carecen de ellos, sino hacerlo pero jugando. Tenemos promotoras de cultura y estos espacios se siguen brindando pero hemos sumado la merienda porque quienes asisten lo están necesitando”.

Gabriela dice que había grupos de personas que mensualmente les donaban alimentos pero ahora están escaseando. “Teníamos un grupo de docentes que nos donaban alimentos y ahora no lo están haciendo porque ellas no están llegando a fin de mes. Me preocupan mucho los discursos de odio, me preocupa como sociedad pero nosotros tratamos de hacer las cosas incluso con otros sectores de la sociedad”. Y vuelve a destacar de lo valioso que resulta el aporte de voluntarios en el conocimiento: “No siempre lo que necesitamos es solo alimentos”.

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