Es un espacio integrador surgido en 2003 que acompaña el desarrollo de niñas, niños y jóvenes con discapacidad motora y cognitiva de distintos grados. Funciona como un servicio educativo terapéutico y apoya también a las familias desde un abordaje interdisciplinario.
Fundación Faros surgió a partir de la necesidad de una familia. Marcos nació con parálisis cerebral y su mamá que es kinesióloga – y luego para cuidar mejor a su hijo se especializó en neurología infantil – buscaba un lugar contenedor. A sus seis años buscaban un lugar donde pudiera ser contenido. “Había muy pocos espacios de este tipo en los inicios, éramos mamá de salas de espera de rehabilitación, ahí empezamos en un espacio que sea de ellos, propio, con pares, con juegos, con terapias, con una estructura de niños. Si bien las condiciones de nuestros niños son de gravedad, de condición severa, tienen todos los derechos a pasar todos los estamentos de la niñez como cualquiera”, cuenta Alejandra Campion, la fundadora de Faros.
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Nos cuenta que décadas atrás si bien había espacios para las personas con discapacidad, eran los centros de real ubicación clásicos los hospitales y después las escuelas especiales pero eran muy escasos los lugares contenedores e integradores entonces fue que se plantearon como familias cómo iban a abordar la discapacidad. “No es sólo aceptar la discapacidad sino también aceptar todo lo que vas a necesitar para acompañarla todo el tiempo. Es una lucha de día a día, de año a año. Nosotros buscamos que los familiares puedan aceptarlo, reconciliarlo y a través de la experiencia de intentar que su hijo alcance su máximo potencial. A veces que un niño pueda aprender a tomar una cuchara puede llevar hasta dos años y a veces hay que volver a empezar” dice Alejandra.


El nombre surgió gracias a un papá que dijo que había que ser ese “Faro que te lleva a sobrellevar ese oleaje, a ese mar embravecido de cuando te dan el diagnostico. Que seamos esa luz para llegar a tierra firme donde vas a saber cómo sobrellevar la enfermedad. Este espacio le decimos la escuela porque abrazamos lo educativo terapéutico porque creemos que todos los días se puede aprender, esa es nuestra mirada de la discapacidad”.


La Fundación es gratuita para los alumnos ya que trabajan con las obras sociales. “Cuando iniciamos era muy difícil para los padres confiar en un espacio donde el chico se fuera a la mañana y volviera a la tarde. Fue una relación de confianza y construir un espacio donde los padres pudieran entra cuando quisieran y también convocarlos a talleres de los padres. En los comienzos cada vez que salíamos a algún lado las gentes nos miraban raro porque no eran jóvenes que la gente estaba acostumbrada a ver en la calle, los podres los tenían en la casa para evitar que les dieran vuelta la cara o los estigmatizaran porque la gente no sabía cómo reaccionar a la discapacidad y era muy chocante. Esa mirada de lástima la fuimos cambiando todos estos años. Yendo a distintos espacios en silla de ruedas con nuestros chicos fue haciendo por un lado que las familias los acepten y que también la gente nos acompañe. Fuimos evolucionando mucho pero nos falta un montón”.


Ya pasaron más de 200 chicos por la Fundación y más de 150 profesionales que se formaron en este tipo de discapacidades. “Siento mucha satisfacción de ver cada cara de los peques. Su satisfacción, la de sus familiares y todo su apoyo. Cada chico es único y su condición de discapacidad te va a enseñar a cómo atravesarla. Te da el conocimiento para ser más empático como profesional. Además estamos muy contentos que hoy pudimos hacer la sede nueva y mejorar su espacio”.
Para más información: http://www.fundacionfaros.org.ar/






