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FUNDACIÓN ADONAI

Jesús Tapia, su esposa María Fernanda y sus ocho hijos ayudan a las personas con más vulnerabilidad a través del comedor y merendero Adonai de la localidad cordobesa de Capilla del Monte. Se hicieron conocidos en los medios por cantar villancicos y salir a recaudar fondos con el arte. Los días de semana brindan merienda para 134 niños y 20 adultos mayores y los fines de semana: platos de comida. Además hacen talleres, capacitaciones y actividades para los peques. “Queremos, no solamente darle un plato de comida, sino también darle la caña para que pesquen ellos”, nos cuenta Jesús en este podcast que podés escuchar acá:

Con resiliencia, empatía y muchas dosis de amor, esta familia prepara a diario recetas y meriendas que reconforta a una gran barriada de la turística Capilla del Monte. Su casa que muta en merendero por las tardes y en comedor los fines de semana es más que eso, es un lugar de encuentro, de contención, de abrazos, disfrutes y saberes. Así como Jesús mete manos en la masa y les enseña a los pibes como ser panadero en los talleres que brindan, o Mariela organice el curso de bordado para ambos sexos; Adonai es un espacio donde te cobijan y te dan herramientas más allá del sustento.

Como la pareja canta en el coro y varios de sus hijos les siguen los pasos, en una ocasión decidieron hacer una gran cena de fin de año para unos 400 chicos, y se les ocurrió que para recaudar la mercadería para la comida, la mesa dulce y también recibir ropa y juguetes para regalar,  podían recorrer Córdoba capital cantando villancicos y así le dieron un gran impulso ya que fueron difundidos por varios medios. La historia de Jesús es conmovedora, con una  infancia y adolescencia muy difícil y que cuenta en el podcast. De ser abandonado y violentado por sus padres, vivir en la calle hasta aprender un oficio por su cuenta y trabajar para salir adelante. “Me hice cocinero por hambre”, dice. Luego ya en pareja, pusieron un negocio donde les iba muy bien pero sufrieron un violento robo que hizo que quedaran sin nada y tuvieran que volver a resurgir.

En el merendero brindan también cortes de pelos gratuitos, apoyo escolar, tallado de madera, cine y cena en verano (ahora están haciendo rifa para comprar proyector o televisor grande para hacer proyecciones con más continuidad y llevar también a los parajes del norte cordobés).

 “Nuestro deseo es terminar acá el salón y también poner el taller con salida laboral, enseñar, no solamente dar un plato de comida, sino darles la caña para que ellos aprendan a pescar, y abrirles una puerta, aunque sea chica, pero que ya tengan un empujadito más para que ellos puedan aprender algo”, dice Jesús y agrega: “Mariela y Jesús somos el motor de este vehículo, pero necesitamos el aceite, necesitamos toda la otra parte del vehículo para que funcione, y entonces la otra parte es de la gente que colabora, de la gente que ya nos conoce hace 15 años que trabajamos en esto. Las puertas están abiertas a aquellos que quieren venir a colaborar, que quieran venir a participar, aunque sea un día, y cuando se van se  llevan la mejor imagen, la mejor foto”.

Otra de las claves para conseguir sustentarse es que transparentan todas las donaciones. Tienen un libro de actas donde se anota todo lo que se ingresa y todo lo que se compra, suben las fotos a sus redes sociales y además le mandan la factura de lo comprado a quién donó. “Nosotros no necesitamos una sola vez la gente, la vamos a necesitar siempre. Muchas veces nos han preguntado, chicos, ¿qué ganan? Si la gente supiera lo que se gana, habría mucha gente haciendo más cosas. No tiene precio, si supieran lo que uno cuando se va a acostar, y se te presenten esas caritas, de los niños (…) Ver ese sonrisa, ver esa felicidad, y eso es lo que te queda, no tiene precio.”

Suelen ayudar a parajes cercanos del monte o enviar donaciones incluso a otras provincias, continuamente están haciendo ferias y eventos. El año pasado en los voraces incendios que afectaron a la zona, del merendero salieron 450 a 500 menús diarios durante 15 días para los bomberos y para los brigadistas. “Este incendio fue terrible y fue para nosotros nos quedó una enseñanza, porque fueron 15 días que empezábamos a las tres de la mañana a la Iglesia a cocinar y terminábamos a las nueve o diez de la noche cocinando porque salían 500 menús, salían (…) Hacíamos pan relleno, hacíamos guiso, hacíamos, es todo. Un día justo cuando se estaban quemando unas casas, dejamos las ollas en el lugar y nos fuimos a apagar el fuego con la gente. Así también sucedió en inundaciones, y Adonai siempre está presente en todo lo que podamos estar”.

Actualmente están concluyendo un salón para dar talleres y servir con más comodidad. “Estamos terminando, nos faltan los baños, nos falta un inodoro y nos falta revocar los baños y poner el piso, pero ya los tenemos armados, tienen agua, tienen todo, pero falta revocarlos y falta material para revocarlos. Y tengo todas las chapas del salón, pero me faltan cuatro columnas de hierro para terminar el salón”. Dice que Capilla del Monte es muy bonita, tiene de todo, “pero es duro el vivir acá, porque acá solamente vivís del turismo y después que pasó el turismo, y te digo honestamente, la pasás muy mal acá. Terminó el turismo, terminó Semana Santa, después son meses largos hasta la vacación en invierno, y después de las vacaciones en invierno, los últimos meses del año es totalmente duro”.

Observando las necesidades comenzaron a dar de comer los fines de semana. “Nosotros en todos estos años hemos aprendido a ver realmente la realidad, ¿qué pasa? Hay niños que van al colegio y esperan el PAICOR (es el programa de alimentación escolar de la provincia de Córdoba)  porque saben que hay comida que pueden llegar a tener ahí. Y después, el fin de semana hay niños que no comen. Y si vienen los feriados largos, hay niños que no comen. Por eso nosotros tratamos de hacer los fines de semana y los feriados largos, porque sabemos que hay niños que están esperando de ir al colegio para poder comer. Entonces, nosotros, ¿qué hacemos?  Y nos enfocamos en eso, que el fin de semana el chico pueda tener algo”.

Como reflexión final, Tapia dice: “Muchas veces decimos, ojalá que esto se componga y que el Meredero se dedique a otra cosa. Pero bueno, estamos en los momentos que nos está tocando y tenemos que manejar nuestro corazón, aprender a manejar nuestro corazón. A veces uno puede ver que los padres están en otra cosa o gastan dinero en cualquiera, pero el chico no tiene la culpa. Nosotros a veces veíamos el error, decíamos esto y esto, pero después nos dijimos no, nosotros lo que tenemos que ver es con el corazón. Y cuando vos ves con el corazón te va a quedar lo más lindo, lo que vos hiciste. Porque si vos ves con los ojos del ser humano, vas a encontrar el error, y lo que vos hiciste no te sirvió de nada, porque te quedaste con lo malo. Entonces aprendés a ver con los ojos del corazón y te digo que podés hacer milagros. No hay otra, no hay otra. Si no lo hacen los padres y no lo hacen los gobiernos, tenemos que hacerlo nosotros, el ser humano. Para eso vinimos, porque vinimos para un propósito, solamente lo que nos tenemos que buscar es el propósito. Y no nos vamos a esta tierra sin cumplir ese propósito”.

Para seguir su obra o colaborar con ellos: https://www.facebook.com/mariela.nieto.9634

Teléfono: 3548 63-1892

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