Un grupo de ex alumnos se reunió para colaborar activamente con comunidades de Chaco que habían conocido en un viaje escolar y hoy ya llevan una década de aportes en educación, salud y alimentación además de actividades y experiencias enriquecedoras.
La Asociación Civil Tierra Latente, de la ciudad de Santa Fe, es una organización comprometida con el desarrollo de las comunidades rurales de la provincia de Chaco. Trabajan para el desarrollo de las comunidades rurales del monte chaqueño, llevando adelante distintos programas de padrinazgo que tienen como objetivo mejorar la calidad de vida de las personas que allí habitan. Con base de operaciones en la Ciudad de Santa Fe (donde reside la mayoría de sus voluntarios y se realiza la logística de las actividades), la organización trabaja en los parajes rurales del departamento de Libertador General San Martín, en Chaco.


“No hay viaje que no volvamos más que reconfortados, y reafirmando la necesidad del trabajo. Lo que más satisfacción nos da es compartir con la gente, las comunidades tienen muchas cosas de las que debemos aprender. Hacer actividades es muy necesario y gratificante al mismo tiempo. Cada una de esas acciones compartidas nos sigue motivando a generar más oportunidades que les fueron negadas desde hace mucho tiempo”, dice Pancho Olcese en una entrevista que podés escuchar acá.
En el norte de Chaco la pobreza y la falta de educación y agua potable es una cruda realidad que busca ser cambiada por Tierra Latente que atiende a unas 150 familias que habitan el monte. Su presidente y cofundador, Francisco Olcese y otros voluntarios, saben que la asistencia que le brindan a las comunidades rurales debería ser dada por el Estado, pero prefieren apostar a la acción antes que por el olvido.


En la entrevista con radio Chusma, Pancho Olcese, nos cuenta sobre los programas de apoyos escolares, huertas comunitarias, talleres de manualidades y comedores. El objetivo es impulsar cambios en educación, alimentación y salud abordando a toda la comunidad, desde niños que están en la escuela hasta adultos mayores. “Se hace un gran trabajo previo en Santa Fe, nos juntamos dos veces por semana pero hay muchas formas de ser voluntarios, no hay edades, o también desde la distancia pueden asumir los padrinazgos. Cuando se trata de ayudar por una causa noble, todos son bienvenidos”, dice Pancho con gran estusiasmo.


«Surgió como un proyecto de la escuela que tomamos de La Inmaculada, el colegio hacía misiones al Chaco y se dejaron de hacer por el año 2006. En el 2014, unos exalumnos más grandes que fueron querían volver a armar esto y empezamos a ir de vuelta. Al principio era más informal, íbamos por nuestra cuenta, a base de rifas o venta de picadas o pollo. Al comienzo era una vez al año y nos quedábamos cortos, queríamos ir más porque en definitiva te terminás encariñando con esa gente», cuenta sobre los inicios de la Agrupación.


Tras esa experiencia, se formalizaron como una asociación civil que «busca el desarrollo integral de las comunidades rurales en todas sus edades, desde los chicos que están en la escuela hasta los adultos a través de distintos programas». «En el monte no existe el preescolar, ingresan directamente al primer grado, no tienen los medios para hacer 40 km para llevar al nene al preescolar, no cuentan con los medios para hacerlo y si bien algunos poseen una motito, con el costo del combustible es imposible. Entonces, tenemos un taller con chicos de cuatro, cinco y seis años que van para empezar a tener conocimientos. Y a los de la primaria le damos apoyo escolar en lengua y matemática, dos veces por semana. Para eso les pagamos a unos maestros rurales que viven cerca», dice.


Además, abrieron un taller para mujeres donde les enseñan distintos oficios, como a cocinar, fabricación de velas y tejido. «La idea es que vayan generando trabajos nuevos que por ahí desconocen para que ojalá el día de mañana puedan tener un ingreso o salida laboral extra», agregó Pancho que también destaca que esto surgió del interés por aprender de esas mujeres.


Actualmente ayudan a familias distribuidas en siete comunidades, donde a su vez colaboran en sus respectivas escuelas, y comedores. Si bien realizan unas seis visitas al año, todo el año están trabajando para Tierra Latente. Se apadrinan a alrededor de 100 alumnos. Hay personas de Santa Fe e incluso de otros países que pagan una cuota mensual que permite darles a los chicos un kit escolar básico, el uniforme y los alimentos. Además, realizan colectas de alimentos, para las cuales a veces se paran en las puertas de los supermercados. «La ayuda que reciben del gobierno para el alimento no alcanza para nada, el año pasado les estaban dando dan unos $120 por día para que desayunen y almuercen, no se pueden comprar nada. Este año directamente cortaron todo tipo de aporte. Intentamos dar esa ayuda porque estamos convencidos de que un chico que no se alimenta bien no puede aprender bien», dice.
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