En la casa de Sabrina y con la ayuda de su cuñada María -junto con su madrina Belén- llevan adelante un comedor que cada miércoles produce la transformación de un garaje en un restaurante en la zona noroeste de la capital cordobesa. Con un ensayado orden y una “mise and place” impecable, se sirven tres tandas de platos para 50 niños y niñas cada uno que esperan con ansias ese día como una salida que va más allá de la alimentación. Pero detrás de cada gesta solidaria, siempre hay una historia.
Si uno quisiera vender la nota, es decir, buscar el enganche de entrada -que se usa ahora ante el cúmulo de redes y posteos- para que no pase desapercibido, debí arrancar con títulos y bajadas tipo: “estudió con Francis Malmann y ahora da de comer en un barrio vulnerable”. O más chimentero: “conocé el costado solidario de Belén, la ex pareja del Pichi Campana”.
Pero lo que te propongo antes que nada es que la escuchés acá en este podcast:
Y puedas sumarte a esta gesta sin etiquetas, sin estereotipar y sin juzgar. Porque hacen falta más valientes para entregar esperanza en una sociedad cada vez más hostil.


Para de la vida de Belén Cocciolo algunos la siguieron por los diarios o por los noticieros de aquel entonces. Se casó a los 90 días de conocer a Pichi Campana porque él quería vivir con ella y el deporte lo hacía trasladar a Buenos Aires. Al tiempo, Belén quedó embarazada pero su hija Naty le daban pocas posibilidad de sobrevida, aunque no le quería decir hasta que naciera, se enteró cuando la tenía en la panza. Tras una gran movilización de gente, a su hija la pudieron operar en Brasil y luego tuvo 14 cirugías menores pero pudo transcurrir su vida con normalidad. Sin embargo, al conocer Belén y Pichi la situación del Hospital de Niños para esas patologías y el padecer de los chicos que estaban en espera de cirugía, decidieron crear la Fundación Corazoncito para atender esas necesidades. Así empezó la actividad solidaria de Belén, antes de cumplir los 20 y jamás se detuvo.


“Lo primero que se me ocurrió era donar alimentos, pero después de eso necesitaba algo más. El DJ Martín Huergo me tiró el dato de un merendero que se llamaba La Canchita y ahí fui para empezar a poder colaborar. Llegar al comedor y que vengan corriendo a recibirte los chicos es algo inexplicable que hasta me tiemblan las patas cada vez que sucede”, nos cuenta Belén. Durante cinco años estuvo colaborando en la canchita pero luego tuvo que cerrar por cuestiones de seguridad que los excedían.


Cocciolo hace un tiempo conoció a las dos mujeres que llevaban adelante Sonrisa Gigante dando de comer y merendar en un garaje y el vínculo fue instantáneo. Ahí descubrió que podía maximizar su amor por la cocina e impulsar en redes para conseguir distintos ingredientes que convirtieran la cena en una celebración. Y ahí quien estudió cocina con Germán Martitegui y el mencionado Francis Malmann, pero apeló a las recetas familiares que alegraron su infancia. “Lo más maravilloso que me legó mi mamá fueron sus recetas. Ella ahora está con Alzheimer y es muy duro, porque a veces quiero recordar con ella sus recetas y no se puede”, cuenta.
Cocciolo hace un tiempo conoció a las dos mujeres que llevaban adelante Sonrisa Gigante dando de comer y merendar en un garaje y el vínculo fue instantáneo.
Sonrisa Gigante se encuentra ubicada en Vila Ávalos y cada tardenoche de miércoles se convierte en una fiesta. El comienzo fue con todo, hasta Flavio Mendoza ayudó con alguna función y se pudo recaudar mucho y así empezar a preparar todo tipo de recetas.



“Todo lo que me donan lo muestro, así cada persona sabe a dónde van sus donaciones. A veces si alguno no tiene que donar pero me llama y dice te quiero acompañar y eso está muy bueno. La comida es un gancho, a través de la comida si vos escuchás sabes bien como está cada chico, que necesita, si está triste, si fue golpeado, así uno puede ayudar. Hacemos todo casero, en el momento, desde el pan casero que nos hornean unos amigos hasta pollo al disco, albóndigas, milanesas, etc. Buscamos que esa cena sea la mejor, con un plato bien nutritivo, ya tenemos donante fijo de pollo y carne y eso ayuda un montón. Y también algún postre, ahí puede ser no tan nutritivo pero que sea ricazo como chocolates, bon o bon, helados”, dice.
Además de los 150 niños y niñas que asisten también concurren adultos mayores. “Tratamos de llegar a todos pero nuestro límite es el espacio porque en el garaje pueden entrar de 50 a comer y entonces les tenemos que dar en tres tandas. Luego que comen ellos, les damos las viandas a los adultos mayores. También queremos agrandar el espacio porque los adultos mayores quieren comer también ahí y compartir con los chicos. Pero ya estamos en marcha para hacer un lugar grande, ya tenemos los pisos y las paredes y tenemos que techar. Nuestro sueño es dar también apoyo escolar los lunes. Queremos conseguir voluntarias para dar apoyo escolar”.



En la entrevista que podés escuchar en SPOTIFY, Belén se explaya sobre la problemática de adicciones que asola en los barrios y realiza una interesante reflexión. Por otro lado, hace foco en la necesidad de ofrecerles la oportunidad de educación en las infancias y atender urgentemente la deserción. “La educación es fundamental para estos chicos y muchos están desertando porque sus padres y sus mamás están inmersos en adicciones. Ellos tienen que saber que también hay personas fuera de su familia que los quieren, que los aman. Hay que darles esperanza para que puedan ver la vida de esa forma”.


Cocciolo se emociona y se prepara varios días antes para coordinar todos los aspectos de la cena y no deja de acompañar los sueños de Sabrina y María (y de Sole y la hija de Sabri que también se suman): “Estoy enamorada y agradecida porque todo ese me hace muy feliz. Si bien es un esfuerzo grande, yo salgo ganando siempre. Lo que más queremos es que esto se sepa para que la gente pueda ayudar”.
Para conocer más sobre ellas: https://www.instagram.com/merenderosonrisagigante/







