FUNDACIÓN MI PUEBLO

Hace más de una década, trece años para ser más precisos lo suyo era juntar ropa, alimentos, juguetes.: ayudar a comedores y jardines donde hacía falta. Pero un día, un pedido concreto les cambió la mirada para siempre. Belén, una mamá llegada desde La Rioja, estaba en Córdoba con su hijo Alvarito para un tratamiento oncológico. No tenía casi nada. Ellos tenían donaciones. Las llevaron. Y en ese encuentro se abrió un mundo que hasta entonces no conocían: el de las familias que deben dejarlo todo —casa, trabajo, rutinas— para acompañar a un hijo en una lucha desigual contra el cáncer.







