Es la historia de un ex futbolista que hoy sigue haciendo golazos cada día. Matías antes de jugar en México y de alegrar a tantos bajitos y bajitas de Villa Unión con su escuelita gratuita de fútbol y el merendero, pasó numerosos obstáculos y vida es un ejemplo de esperanza y superación.
Matías Albornoz a los 13 había quedado seleccionado en un club pero lo rajaron junto a su hermano por no tener botines. Lejos estaba de tener calzado en esas épocas en las que apenas podía comer. En una entrevista que podés escuchar acá nos cuenta lo difícil que fue la adolescencia en el barrio, las tentaciones de la droga que aflora en los jóvenes y lo complicado que resulta trascender ese flagelo.
A los 18 Matías se enteró que iba a ser papá y decidió apostar nuevamente por la pelota. Para llegar al club cuando llovía: se sacaba la ropa, la metía en una bolsa y la tiraba al otro lado del río, para cruzar nadando. Sabía que si faltaba a los entrenamientos, estaba más cerca de otras cosas que no le gustaban. En las esquinas lo esperaban para drogarse y lo más difícil para él era cruzar el barrio y no caer en las tentaciones. En su primer club le pagaban con un tarro de leche y pañales para su bebé. Después Racing de Nueva Italia, Talleres, Tiro Federal de Rosario y México en tiempo récord.
Hace 12 años lleva adelante “Los petaquitas” un merendero y escuelita de fútbol que es mucho más que eso en Villa Unión. Seguilos en el siguiente link







