Producen unas de las líneas de alfajores artesanales más deliciosas del país. El emprendimiento nació por medio de los talleres de inclusión laboral de Fundación Empate (que apoya y acompaña a personas con síndrome de down). Desde sus inicios se enfocan en la calidad de los productos y en generar empleos inclusivos. Hoy siguen creciendo y poseen varios sueños para seguir evolucionando.
“Buscamos que nuestros clientes que lo elijan por la calidad, no solamente para ayudar. No queremos que compren la caja de alfajores por lástima sino por lo bueno que son”, dice Marina Rigopoulus, coordinadora y alma mater del proyecto en este podcast que podés escuchar acá:
Para ir derribando prejuicios y preconceptos erróneos nada mejor que la acción. Que las intenciones vayan más allá de las palabras y es en los hechos donde se construye y deconstruye lo que estaba pifiado. Desde su concepción la Fundación Empate demostró que la inclusión real debía ser por medio de la práctica constante, primero a través del deporte y luego por medio de talleres artísticos. Las personas con síndrome de down iban evolucionando a través de la experiencia. Con ese fin, nació Masamano, la línea de alfajores que, en una provincia dulcífera como Córdoba, se destaca por su gran calidad.


Cuando Mar Rigopoulos terminó el secundario pensé en iniciarse en la carrera de Nutrición, pero en aquel momento no pudo entrar y al mismo tiempo atravesaba una situación dolorosa familiar. Pero algo la empujó a estudiar gastronomía sin imaginarse que todo eso sería el germen de esta idea que hoy la hace feliz y la completa. Si bien su abuelo en su momento tuvo una fábrica de golosinas y todo eso también estaba en su ADN; su orientación hacia lo culinario contribuyó a la creación de esta marca.
“Me enorgullece mucho haber llegado donde llegamos desde la Fundación y desde este emprendimiento. Me di cuenta que un rol como el mío es importante y que hay que poner toda la energía y las ganas. Ingresando en la Fundación sin buscar nada a cambio me llevo algo mucho más grande, yo me llevo más de lo que doy” dice Mar.


Masamano ofrece seis variedades de alfajores, una mejor que otra: el Deli Maní (masa sablée con relleno de pasta de maní y chocolate blanco, decorado con crocante de maní), Almendrita (masa sablée con relleno de dulce de leche y chocolate), Marplatense (masa aireada con relleno de dulce de leche, bañado con chocolate con leche), Cordobés (masa aireada con relleno de dulce de leche, bañado con glasé cítrico), Miti Miti (Masa sablée de chocolate, relleno con dulce de leche y medio baño de chocolate blanco) y el Combinado (masa sablée con notas de limón, relleno de dulce de leche y medio baño de chocolate con leche).
La línea de alfajores que, en una provincia dulcífera como Córdoba, se destaca por su gran calidad.
“Al principio fue difícil conseguir las variedades y después definir que había dos clásicos que no debían faltar: el marplatense y el cordobés que vimos que no muchos lo hacen tan bien. Y después buscamos otras variedades que también fueran particulares (…) Lo que más nos costó y que fueron muchas pruebas fue encontrar el dulce de leche con el contenido justo y también la calidad y grosor de las tapas. Tenemos ingredientes de calidad porque es clave en la materia prima, así que fuimos descartando y quedándonos con lo mejor”, cuenta.
Mar se manifiesta siempre muy orgullosa por el devenir de cada caja: “cuando hacen una reserva uno no sabe el destino de la caja. Tenemos fotos de cajas de alfajores en Londres, en España, en Bolivia, en Australia. Me encanta que se la juegan y llevan nuestras cajas para disfrutar con sus familiares. Después nos cuentan que todos quedan encantados con nuestros alfajores”.


Ya hay provincias que le piden franquicias pero se sabe todo el trabajo previo, los costos y el tiempo que supone ese armado, aunque no descartan que en algún momento lo puedan lograr, incluso ya dieron el primer paso obteniendo la franquicia social. “La demanda te lleva a ponerte más ambicioso y el sueño es pasar a ser una empresa y tener un local propio que es lo que más nos piden. Aparte daría más trabajo a personas con síndrome de down que es el principal objetivo, pero también para que los clientes puedan elegir y llevarse los alfajores en un horario más amplio”, anhela Marina y agrega: “Cuando me siento y los veo a ellos no solamente con su evolución en los trabajos sino también que puedan colaborar en su familia como uno más y llevar también el alimento, aportar en el sustento. O cuando alguno de ellos aprende a viajar solo al colectivo y viene acá asumiendo su responsabilidad. Y eso es lo que buscamos para ellos y ellas, que puedan ser más independientes”.







